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NUESTRO INSTAGRAM: https://www.instagram.com/historia.en.podcast/ Hoy por hoy, cuando pensamos en nobel seguramente pensamos en excelencia, en grandeza, en contribuciones al progreso mundial, en legitimidad académica. Pero detrás de ese nombre se esconde una historia profunda, de un hombre preocupado por su vida y por su legado, el constructor de un imperio económico en base a su invento: la dinamita, una nueva forma de construir y de destruir. Que lo disfrutes... Learn more about your ad choices. Visit megaphone.fm/adchoices

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Hola, hola a todos, queridos amigos, oyentes y seguidores, muy bienvenidos a un nuevo episodio de Historia en Podcast, episodio número 251 en donde traemos realmente un tema increíble, la vida ni más ni menos que de Alfred Nobel. Un episodio realmente para disfrutar, para masticar poquito a poquito, para digerirlo porque hay tanta información Tan importante con una vida tan maravillosa de por medio. Gracias por estar ahí nuevamente un episodio más como hace ya casi más de 6 años, 251 episodios.

Quienes recién llegan, bienvenidos. Es un gusto enorme estar compartiendo historia con cada uno de ustedes. Historia en podcast se llama este canal. Por las dudas, si usted recién llega, Lucas Botta es mi nombre y los invito a que. Se sumen a la movida histórica, la divulgación histórica, que es donde estamos parados ya desde hace 6 años. Como les decía recién, los invitamos a nuestras redes sociales, historia en podcast. Así nos encuentran en todas las redes sociales habidas y por haber en todas las plataformas.

Estamos siempre de la misma forma, desarrollando y divulgando el contenido histórico tan importante en esta época y en cualquier época. Siempre es importante hablar de historia y en este caso. Vamos a contar la historia que muchos de ustedes han pedido. Recordemos que estamos en 1/6 temporada on demand, en donde ustedes solicitan temas y nosotros desde aquí nos ponemos a trabajar en ese sentido, ¿no? Así que hoy vamos a hablar de Alfred Nobel, un hombre que cambió el mundo. Ya vamos a ver cómo, ya vamos a ver con qué y en ese cambio del mundo, en esas acciones, va a terminar pasando buena parte de su vida preguntándose.

¿Qué clase de huella había dejado él mismo en el mundo? Eso va a ser el eje transversal de este episodio de la vida de Alfred Nobel, el inventor, por ejemplo, de la dinamita, un empresario que va a construir una fortuna gigantesca justamente a partir de la industria de los explosivos. Va a ser un científico obsesionado con dominar esa energía. Tan peligrosa, tan poderosa también va a ser un hombre sensible, un hombre melancólico, un hombre profundamente intelectual que nos va a dejar un contenido realmente maravilloso y que en algún momento de su historia se preocupó por cómo lo iba a recordar el mundo. Eso es lo que le va a pasar a Alfred Nobel un día y así vamos a arrancar su historia un día.

El mismo Alfred toma un diario, toma un periódico, lo abre con la distracción, digo de que está repitiendo un gesto hasta cotidiano, podríamos decir, y de pronto se encuentra con su nombre y no va a ser precisamente ni en una noticia ni en un reconocimiento, sino que va a ser en un obituario. Su propio obituario, él mismo está leyendo la noticia de su propia muerte y yo sé que esto contarlo de entrada puede, para quien no conozca la historia de Alfred Nobel, puede ser un poco disruptivo. Sí, es disruptivo, es una locura pensarlo, no se sienta tremendamente descontracturado, agarra el diario y dice, murió el mercader de la muerte con ese título, lejos de ser Un homenaje lo que le estaban haciendo en ese diario era más bien un juicio.

El diario le estaba diciendo a muerto el mercader de la muerte, el hombre que había hecho fortuna encontrando la manera de hacer estallar el mundo con la dinamita y con los explosivos. De repente, ahora estaba empezando a ser recordado por ser el mercader de la muerte. Imaginemos lo que ha pasado, lo que tiene que haber pasado por la cabeza. de este muchacho, la posibilidad de ver vos mismo tu propia vida resumida en esa idea es el mercader de la muerte, de descubrir que para el mundo sos parte de un problema. Para Nobel eso va a ser un golpe tremendamente fuerte contra su propia imagen.

Para Nobel va a ser entender que su legado ya estaba siendo escrito por otros y no por él mismo, pero que eso le daba una ventaja, porque todavía estaba a tiempo De intervenir en ese legado que iba a quedar para el resto de la historia. Pero para entender ese momento decisivo en la vida de Alfred Nobel, de este hombre leyendo su propio obituario, hay que retroceder un poquito en el tiempo. Tenemos que situarnos en otro, en otro escenario, digo muy distinto, bastante diferente en montones de aspectos, pero no menos determinante, porque Alfred Nobel no aparece de la nada. Inventando ni la dinamita ni leyendo la noticia del el obituario de su muerte, ni mucho menos va a aparecer de la noche a la mañana como un empresario tremendo como lo fue. La historia de Alfred Nobel empieza mucho antes, en una infancia atravesada por tensiones, por oportunidades, en un contexto que sin que él lo supiera verdaderamente, lo iba a marcar para siempre.

Nobel. Nace, llega al mundo en el año 1833, en Estocolmo, en el seno de una familia que vamos a decir, a ver, no era una familia súper acaudalada, pero tampoco era una familia pobre, digamos, no su padre, de hecho, Immanuel Nobel, un tipo que era ingeniero, era inventor, era emprendedor, un hombre bastante inquieto, bastante creativo, siempre ahí. Al borde no entre la genialidad y el fracaso absoluto. Bueno, hay en ese hogar nace y crece Alfred Nobel. Y eso nos dice que en ese hogar en donde Alfred Nobel va a desarrollar sus primeros años de vida, va a ser un hogar en donde la tranquilidad no va a ser una constante. No vamos a tener la incertidumbre ahí como eje transversal.

No vamos a tener proyectos por parte de su padre, que les dio varios. Varias ocupaciones, digo, varios roles, recién ingeniero, inventor, emprendedor, un hombre creativo, un hombre inquieto, incluso. Bueno, eso va a llevar una incertidumbre constante al hogar. Va a haber proyectos que inician, proyectos que terminan, ideas que de repente prometen un montón y que muchas veces no llegan a buen puerto. De hecho, el gran quiebre en la familia Nobel va a llegar bastante temprano. El padre fracasa.

En sus negocios en Suecia se le van a hundir ahí un par de cargueros que eran de su propiedad, se le quema la casa. Entonces ahí el tipo dice, tenemos que hacer borrón y cuenta nueva, dar vuelta la página, mirar hacia adelante y fijar un nuevo rumbo. Y ahí va a ser el momento en el que toma una decisión que va a cambiar la vida de toda la familia nobel, que es el traslado hacia San Petesburgo en Rusia. ¿A qué se van a San Petersburgo los Nobel a buscar nuevas oportunidades?

Va a ser un movimiento tremendamente radical. Muchos van a decir es un salto al vacío lo que están dando los la familia Nobel, los Nobel en ese momento, pero también va a ser una puerta abierta a un mundo que era completamente diferente, porque la Rusia imperial de mediados del siglo 19 es justamente un imperio que está en plena expansión. Hay una demanda. Cada vez digo más grande, una demanda creciente de innovación técnica, de municiones. Digo, el ámbito militar está especialmente preocupado en encontrar avances. Y ahí, en ese contexto, Immanuel Nobel, el padre de Alfred Nobel, encuentra finalmente la veta, como decimos por acá, encuentra un terreno que va a ser fértil para esas ideas. Digo innovadoras ahí, siempre buscando encontrarle una vueltita a la realidad.

Bueno, eso se va a encontrar. Esas puertas se le van a abrir en Rusia, empieza a trabajar con explosivos, empieza a trabajar con minas, empieza a trabajar con tecnologías aplicadas a la guerra y la familia que al principio. Había quedado bastante fragmentada. Va a terminar reuniéndose de nuevo en ese escenario ruso y ahí es donde crece Alfred. De hecho, a los Nobel les va a ir bastante bien. Va a ser una familia, digo, en Rusia que está pensando en fábricas con un sentido obrero muy marcado. Hay un barrio, de hecho, en San Petersburgo. Que se llama el barrio Nobel, que fue el barrio que los Nobel crearon para las familias que trabajaban en esas fábricas. No me voy a meter ahí porque no es parte de la historia de Alfred en sí, pero Alfred crece en ese contexto. No es no es un espacio, digo ni neutro ni aislado en lo que va a ser el clima de época, los conflictos de época, el tiempo, el contexto histórico en el que les toca vivir. Es un mundo, ese del siglo 19, en donde La ciencia, la ingeniería, la guerra están profundamente entrelazadas. Va a ser la segunda mitad del siglo 19, va a ser en donde empiezan a surgir los grandes

ismos que después van a llegar a van a llevar, perdón, a la Primera Guerra Mundial, el imperialismo, los nacionalismos y el militarismo, todos, todos los 3 ismos muy entrelazados, muy concatenados entre sí. entonces. Ese es el clima de época que va a criar y va a ver crecer a Alfred Nobel. ¿Ahora qué pasa cuando un niño como Nobel, como Alfred Nobel, crece rodeado de todas estas ideas brillantes del rol de su papá, de esa de esa capacidad creativa inventiva, pero al mismo tiempo también crece rodeado de artefactos? que son capaces de destruir.

¿Qué ocurre? Digo, qué pasa cuando la creatividad y la violencia, tomen nota si están tomando nota, la creatividad y la violencia están compartiendo el mismo laboratorio, porque en ese cruce entre creatividad y violencia vamos a tener la definición, al menos a mi criterio, de Alfred Nobel. Ahí tenemos el conocimiento, el poder, la invención, el conflicto, la violencia, todo eso empieza a cruzarse también dentro de la mente de Nobel y ese cruce lo va a acompañar y lo va a definir, diría, durante toda su vida. Ahora bien, si esa infancia de Nobel estuvo marcada por ese cruce entre la invención, la violencia, La guerra, el mundo militar, digo por la cuestión armamentística, por el desarrollo de o el trabajo que su padre tenía con algunos explosivos.

Su formación intelectual va a ser todo lo contrario a ese mundo improvisado en el cual vivían los Nobel. En San Petersburgo, ya con la situación de la familia bastante más estabilizada, Nobel accede. A una educación, a una educación que va a ser privada, una educación de altísimo nivel, algo reservado para muy pocos dentro de esa Rusia imperial. Va a tener tutores, digo, no va a pasar por esa escolaridad tradicional que uno puede llegar a pensar, sino que se va a formar con tutores en un ambiente súper exigente, en un ambiente tremendamente cosmopolita, profundamente influido por la cultura científica, por la cultura literaria de esa Europa. De la segunda mitad del siglo 19. Y ustedes dirán literaria Nobel, pero cómo si Nobel fue el creador de la dinamita y, en definitiva, de última, alguno lo conocerá por ser el creador de los premios Nobel o K, sí, pero también de la literatura, un tipo profundamente lector. Y ahí es donde está este aspecto que generalmente suele sorprender, porque digo, esa formación académica, que esa formación intelectual que les decía recién. Va a abarcar, obviamente, la

física, la química, que van a ser sus campos de mayor desarrollo, pero también va a incluir la literatura, va a incluir la filosofía, va a incluir los idiomas. Se dice que Nobel llegó a dominar sueco, ruso, francés, inglés, alemán, al menos 5 lenguas, lo que le va a permitir en un futuro ser un ciudadano europeo, vamos a decir, no en el sentido geográfico de la definición, le va a permitir moverse. Por toda Europa, con soltura, con libertad, le va a permitir acceder directamente a tradiciones intelectuales sin depender de traducciones, va a poder leer sin necesitar traducciones.

En épocas en donde no todos los libros eran traducidos, en una Rusia zarista profundamente persecuta de algunas líneas de pensamiento, entonces estamos en presencia de un Alfred Nobel que está pensando, está pensando en varios idiomas y eso va a moldear la cabeza de este muchacho. Y ahí lo más importante, lo más, no lo más importante, me arrepiento de lo que dije, lo más interesante, esa es la palabra sobre esa parte de la vida de Nobel, es que en realidad era un gran escritor de poesía y no es que escribía poesía con Como un pasatiempo ahí superficial, estoy aburrido, necesito descargar el estrés y no sé qué y escribo.

No hay una sensibilidad real detrás de la poesía de Nobel, un tipo que leía, que reflexionaba, que se interesaba por las ideas que circulaban en Europa en esos momentos, se interesaba por el lenguaje, se interesaba por el sentido profundo de las cosas, de la vida. tirando montones de datos interesantísimos para un poquito más adelante, así que estén atentos, un tipo lector, un tipo escritor, poeta, un tipo preocupado por el sentido de la vida. Entonces, desde joven hay en Nobel una dimensión bastante introspectiva, si se quiere, que no encaja, quizás digo, me aventuro a pensar, no encaja del todo con la imagen que nosotros podemos tener en De Nobel y que probablemente después de su gran invento, que fue la dinamita, la imagen que quedó asociada a él, un tipo que se va a enriquecer con algo tremendamente violento como es la capacidad de crear bombas, digo, explosivos a gran nivel.

Porque cuando uno piensa en dinamita, digo, piensa en explosivos, piensa en la industria militar de finales del siglo 19, muy probablemente. piense en Nobel y si no pensamos en Nobel, podemos pensar que quizás detrás de toda esa carrera armamentística ha existido una mente puramente técnica, no casi mecánica, un gran físico, un gran químico y qué sé yo que. Y Nobel, uno de los grandes diseñadores de ese mundo, no solamente era eso, una mente técnica y qué sé yo que, sino que era un hombre profundamente intelectual, un tipo que entendía la ciencia pero que al mismo tiempo de entender la ciencia, la energía, qué sé yo, la palabra que queramos poner ahí, también entendía la palabra, entendía el significado, entendía la narrativa, tipo profundamente interesado por el sentido de la vida y en ese recorrido, en esa formación que combinaba la ciencia y la sensibilidad, aparece el punto de inflexión técnico que va a definir la vida de Nobel, porque en algún momento ese joven brillante va a entrar en contacto con una sustancia que para su época era tremendamente aterradora, era fascinante pero sumamente peligrosa, que era la

nitroglicerina. La nitroglicerina, que si bien no va a ser un invento de Nobel, digo va a ser un Había sido ya descubierta algunos años antes por un químico italiano que se llamaba Scanio Sobrero, quien de hecho Sobrero había advertido sobre la peligrosidad de la nitroglicerina. No dice ojo con esto porque es de una de un peligro extremo, era un líquido inestable, era un líquido capaz de detonar. Con 1.1 imprevisión bárbara, un líquido sensible a los golpes, por ejemplo, sensible a los cambios de temperatura, a las vibraciones, por más mínima que fuera, ya era una peligrosidad extrema, como había dicho Ascanio Sobrero, el descubridor, digamos, de la nitroglicerina. Entonces esa potencia explosiva que tenía la nitroglicerina hacía que fuera prácticamente imposible. De manipular con seguridad.

Y sin embargo, ahí Nobel dice, me parece que tengo que profundizar un poquito en este líquido, porque donde otros estaban viendo un problema, Nobel empieza a ver un desafío. No se obsesiona con la destrucción de decir, che, quiero hacer explotar todo y romper porque soy un tipo súper violento. No, el tipo está queriendo controlar la peligrosidad. De la nitroglicerina, gran punto este para tener en cuenta. Entonces empieza a jugar con esa posibilidad de domesticar esa energía desconocida todavía, sí de convertir eso es ese algo caótico, impredecible, peligroso, como lo queramos llamar en una herramienta que pudiera ser manipulada, controlada y sobre todo utilizable. Esa.

Es la clave de Nobel. En este sentido, el tipo no está pensando todavía en la dinamita, no está pensando en qué se puede llegar a hacer con la dinamita y matar gente a montones, porque si explota ahí un explosivo, valga la redundancia, podemos hacer un desastre y eliminar a muchos enemigos al mismo tiempo. No está pensando en nada de eso. Nobel está pensando en una pregunta bastante más profunda. El tipo está pensando si se puede llegar a dominar una fuerza tan tan inestable como la energía de la nitroglicerina se puede transformar esa peligrosidad en algo útil y eso se va a convertir en una obsesión para Nobel, una obsesión que lo va a acompañar durante muchos años. Porque digo, a ver, trabajar con nitroglicerina, además de ser una cuestión totalmente científica, digo de laboratorio al menos.

Era estar jugando al fleje, como decimos por acá, no estar jugando constantemente al límite, porque imagínense lo que era manipular eso, cada experimento, cada reacción, cada trasvase, cualquier cosa implicaba un riesgo real. Ya estamos hablando de un mecanismo de prueba y error ante lo desconocido y el error era un certificado de desastre, te pasaba algo y volaba por los aires todo. Y así mismo, Nobel insiste porque intuye. Intuye algo que va a ser central para todo su recorrido, su vida y su obra, que es, digo, a ver si esa energía lograba, lograba ser controlada, lograba ser manipulable y utilizable.

Quizás esa misma energía, la de la nitroglicerina, podía llegar a cambiar el mundo, podía llegar a cambiar el mundo en la construcción. En la minería, en la apertura de caminos, en la apertura de túneles, en la apertura de canales, en la capacidad de intervenir sobre el mundo natural a una escala que sería completamente nueva. No estaba pensando en la guerra, aunque sería inevitable aplicar un explosivo al mundo de la guerra. Entonces, fíjense qué importante, digo, no que tan peligroso, no sé si qué tan peligroso, pero al menos qué ocurre. ¿Qué puede llegar a ocurrir cuando el ser humano logra dominar esas fuerzas que antes no podía controlar? Lo hemos visto con los inventos de Tesla en su momento, lo hemos visto con, no sé, lo que hizo, por ejemplo, Alan Turing, digo tipo que han sobrepasado ampliamente su época y que han estado jugando al límite.

Bueno, acá en el caso de Nobel vamos a ir un poquito más allá, porque la peligrosidad en la manipulación de la nitroglicerina era, era, era tremenda. Si era hasta mortal, un simple error te podía llegar a costar la vida. Y en ese intento de dominar, en esa búsqueda de dominio sobre la energía, va a empezar a gestarse no solamente un invento, que será la dinamita, sino también una transformación. Y también sin que Nobel lo supiera, todavía iba a aparecer el origen. de su conflicto más profundo. Vamos a ver.

A partir de acá la historia de Alfred Nobel va a empezar a oscurecerse un poquito porque una cosa es hablar y experimentar sobre la nitroglicerina como una promesa científica, si se quiere como una posibilidad técnica y otra muy distinta es mirar de cerca lo que va a ser el costo humano De esa búsqueda, de esa experimentación, de ese tratar de encontrar el dominio de tanta energía, la nitroglicerina no perdona errores, ni siquiera a Nobel, una sustancia, dijimos ya poderosa, inestable, brutalmente peligrosa, caprichosa, si se quiere, que podía detonar por un golpe, por una vibración, por una manipulación torpe, incluso a veces por.

Por motivos que ni siquiera los propios experimentadores terminaban de entender del todo. Entonces, trabajar con nitroglicerina era intentar razonar sobre una fuerza que todavía no se la conocía, no estaba domesticada y novela. Eso lo sabía y así mismo siguió adelante. Y ahí aparece una de las tensiones más profundas de toda la historia del progreso humano. Sí que iba a ser la línea delgada entre la audacia. Y la temeridad, no muchas, muchas innovaciones nacen de personas que son justamente capaces de y tienen la valentía de acercarse a donde otros dicen, yo acá no me meto, hasta acá llegué, este es mi umbral.

Bueno, Nobel se va a acercar y esa cercanía va a tener un precio y no va a ser un precio abstracto. En el caso de Nobel, no fue una estadística lejana uno de cada 7 experimentadores, no va a ser un accidente. Que le ocurrió a su propia familia, año 1864, una explosión destruyó el taller donde Nobel trabajaba con nitroglicerina en Helenenborg, cerca de Estocolmo. Ahí van a morir varias personas, entre ellas va a morir Emil Nobel, que era el hermano menor de Alfred Nobel, y cuando muere Emil, El riesgo del manejo del uso y de la experimentación con nitroglicerina deja de ser una posibilidad. Che, esto es riesgoso porque quizás suceda tal cosa y se convierte definitivamente en una pérdida, la pérdida de su hermano menor.

O sea, ya estamos hablando de una tragedia íntima personal y uno podría pensar, che, bueno, después de esto no vuelva, se va a asustar, se va a cobardar y va a tirar un poquito el freno a mano, no se va, se va a frenar. Pero no, eso va a hacer que Nobel decida ir todavía más allá, porque después de la muerte de su hermano, la obsesión que Alfred tenía con la nitroglicerina se va a intensificar. Y eso tiene un sentido, porque el desastre que termina en tragedia familiar medio como que parece reforzar la urgencia de la búsqueda del control, porque si esa energía.

Que emanaba de la nitroglicerina, seguía existiendo en ese estado salvaje, muy probablemente seguiría matando. Por lo tanto, hay que controlarla para que no vuelva a ver ni repetirse la tragedia de Emil Nobel, por ejemplo. Entonces, Alfred piensa, hay que seguir la búsqueda. Hay que cruzar a la raya, hay que ir más allá, ir al límite si es necesario, para que una tragedia como la que costó la vida de mi hermano no vuelva a suceder. Y Nobel empieza a vivir a partir de ahí, dentro de una de una contradicción que se desprende dentro de todas estas vivencias, el tipo quiere dominar una energía extraordinaria para hacerla útil, pero en ese camino va a descubrir que esa energía tiene un costo.

Esa frontera entre la utilidad y la destrucción es bastante más porosa de lo que a veces podemos llegar a admitir o a pensar. Incluso la idea de progreso tiene ahí una carga simbólica muy fuerte, no ese progreso cuando avanza demasiado cerca ahí del abismo cerca del peligro, puede llevarse muchas vidas al medio antes de llegar al objetivo final que es ofrecer. Los beneficios, por eso la muerte de Emil es el primer gran recordatorio de lo que va a perseguir a Alfred Nobel durante toda su vida, que es este sentido de que los inventos, sus inventos particularmente, podían llegar a ayudar mucho en ese mundo moderno, en ese mundo guerrero, en ese mundo en donde la industria militar tenía un peso muy fuerte, pero al mismo tiempo también podía convertir la destrucción en algo mucho más.

Eficiente. Si algo, si yo controlo algo que explota, muy probablemente pueda destruir muchas cosas en poco tiempo o en menos tiempo de lo que lo hacía anteriormente, porque tampoco es que se inventa ni la guerra ni la pólvora. Digo con Nobel, no, pero la capacidad destructiva sí va a aumentar con la dinamita. La cuestión es que después de años de pruebas, de errores, de explosiones, de pérdidas, como el caso de su hermano. La búsqueda de Alfred Nobel llega finalmente a un punto decisivo respecto a la nitroglicerina. El tipo descubre que el problema nunca había sido que ahí es donde está lo genial de este muchacho, porque el problema dice nunca fue la potencia de la nitroglicerina. El poder de la nitroglicerina estaba fuera de discusión. Absolutamente el problema era la inestabilidad. Lo caprichosa que era la nitroglicerina, o sea, era una energía formidable, pero a niveles prácticos era inutilizable porque no podía manejarse, no podía, digo, utilizarse, transportarse, manipularse con ningún tipo de seguridad.

Y ahí está el núcleo del avance de Nobel. Nobel no inventa la nitroglicerina, no inventa la explosión ni la pólvora, como decía recién, no crea la energía. Lo que hace es algo mucho más simple, mucho más sutil. Que al mismo tiempo también va a ser revolucionario, revolucionario. Digo perdón, que es encontrar la manera de controlar esa energía, esa nitroglicerina. Año 1867 logra estabilizar la nitroglicerina porque la va a combinar con un material absorbente, una tierra porosa que se llama diatomita o kieselguhr. Si usted está siguiendo el video, podecas hay una breve explicación gráfica de cómo funciona la dinamita. En realidad, no.

Bueno, esa diatomita, ese kieselgur, esa tierra porosa, al ser un material absorbente, permite manejar, transportar e incluso usar la nitroglicerina con un nivel de seguridad. Que no se había alcanzado nunca. Era incomparable para la época lo que acababa de inventar Alfred Nobel y a eso se le va a sumar un sistema, un sistema digo de detonación. Ahí está un sistema de detonación que va a ser mucho más confiable, que va a ser que aparezca un producto nuevo en el mundo que va a ser la dinamita. Eso va a tener nombre.

A partir de ahora será la dinamita, aunque en un primer momento Nobel. No la no la patenta con el nombre de dinamita, sino que la patenta con el nombre de pólvora explosiva nobel. Después de unos años le va a cambiar el nombre definitivamente por dinamita, que es una palabra con raíz griega, raíz dynamis, que significa algo así como poder o poder, sí, o fuerza en definitiva, poder por ahí es más cercano a Kratos, pero digo el poder como fuerza, así que eso es lo que termina.

Inventando novel, la dinamita, una palabra que desde entonces va a quedar asociada tanto al progreso como así también al peligro. Y lo que va a ocurrir a partir de este momento, a partir del año 1867, va a ser inmediato. La dinamita va a transformar la relación del ser humano con la materia, lo que antes requería meses de trabajo manual, digo, romper montañas, abrir túneles. Pasos y qué se yo, qué esfuerzo físico. Todo el tiempo que se llevaba ahora se resolvía con segundos, se abrían las montañas, las rocas que digo desde el origen de la humanidad habían sido obstáculos permanentes. Ahora se podían fragmentar de manera súper rápida, se acelera, por lo tanto, la construcción de túneles, se expanden las redes ferroviarias, se facilita la minería. Se vuelven posibles obras de infraestructura que antes eran técnicamente inviables o directamente, incluso a nivel económico, eran impensables.

En ese sentido, la dinamita va a ser una aceleración del mundo, una herramienta que le va a permitir al hombre intervenir directamente sobre la naturaleza con una eficacia completamente nueva. Y ese tiene, Y eso digo, tiene algo profundamente moderno, porque a partir de ese momento el ser humano empieza a sentirse cada vez más capaz. De modificar su entorno a gran escala no va a ser la primera vez. El hombre desde que es hombre modifica su entorno para vivir o sobrevivir o como lo querramos llamar. Bueno, pero a partir de acá parece que todo es posible. Ya no hay obstáculo porque lo que se nos cruce dinamitamos. Pero eso es solamente una parte de la historia, porque la misma herramienta que permite construir, como vengo diciendo, también permite destruir la misma energía que se usa para. Abrir la montaña, abrir caminos, túneles para la minería. Lo que se quiera hacer también es la misma energía que va a permitir arrasar con todo eso al mismo tiempo. Si yo quiero destruir un camino, si quiero destruir una industria, si quiero destruir un túnel, también puedo usar la misma dinamita que utilice para

crearlo, para abrirlo y no lo sabía, no era ingenuo en esto. No era un tipo que le faltaban luces, el tipo entendía perfectamente que el invento que acababa de traer al mundo tenía una doble cara, era un arma de doble filo y de hecho en sus propios escritos aparece esa tensión, la idea de que una fuerza suficientemente poderosa como la dinamita, como la nitroglicerina controlada, podía ser utilizada tanto para el progreso como para la guerra. Ahí aparece la gran ambivalencia, porque la dinamita no es, digo, la dinamita como material no es moral en sí misma, no dice, che, no es que la dinamita piensa, che, estoy bien o estoy mal, es correcto, es incorrecto. La dinamita no decía absolutamente nada, es una herramienta, no la piensa como una herramienta, pero una herramienta que amplifica lo que es lo que el ser humano ya es capaz de hacer por motus propio.

Y entonces ahí aparece una pregunta que a mi criterio es. Inevitable. ¿Y ustedes pueden pueden respondérmela acá en los comentarios de este episodio escribiéndonos a través de nuestro Instagram? No, que no solamente va a ser una pregunta para el siglo 19 de Nobel, sino que es una pregunta hasta para nosotros. No puede un invento ser bueno y peligroso al mismo tiempo, bueno y malo a la vez, digamos. Y la respuesta, al menos para mí, en el caso de la dinamita, parece ser que sí.

Y quizás ahí radica la complejidad de lo que acaba de hacer Alfred Nobel, digo, porque no fue simplemente el creador de un instrumento destructivo, como lo acusaría a aquel obituario que mencionamos al comienzo y que ya vamos a volver a ver. Fue alguien que entendió. una fuerza de la naturaleza que la logra controlar, que la logra poner al servicio de la acción humana, el problema no estaba en la energía, el problema no estaba en Nobel, el problema no estaba en la dinamita ni en la nitroglicerina ni en nada, el problema como casi siempre estaba en la misma acción humana que iba a terminar manipulando a la dinamita, el problema está en el hombre, para qué usamos esa herramienta, la herramienta está ahí y eso trasladémoslo a lo que queramos, internet trasladémoslo a la IA, trasladémoslo Lo que imaginen es una herramienta. ¿Cómo lo utilizamos ahí donde entra el juego de la moral? La moral es la humana, no es la moral algo inherente a la herramienta en sí.

Sí, entonces en ese punto la historia deja de ser la historia solamente de Nobel y empieza a ser una historia sobre la humanidad, una historia sobre nosotros. ¿Qué hacemos con la herramienta que Nobel trajo al mundo? La cuestión es que a partir de la dinamita. La vida de Alfred Nobel deja de ser la de un científico que está ahí encerrado, experimentando en laboratorios que son peligrosos, que qué sé yo, con cuántas temerosidades y cruzo umbrales o no, y va a empezar a convertirse poco a poco y no tan poco a poco. Diría que dinamita en adelante, bastante rápidamente, va a empezar a convertirse en la de un empresario que está pensando. En su expansión sobre el mundo, porque lo que Nobel había logrado, además de ser esta solución técnica que venimos planteando, es un producto con una demanda enorme y Nobel que no era ingenuo.

Ya lo dije, también lo sabe, lo entendió rapidísimo. No se limitó Nobel a patentar su invento y ver cómo eso se expandía, así como mirándolo de lejos, de reojo, el tipo empezó a fundar. Fábricas en diferentes países de Europa, establecer redes de producción a proteger los desarrollos que él mismo hacía sobre la dinamita y sobre la nitroglicerina mediante patentes. Empezó a construir toda una estructura industrial que atravesaba fronteras en Europa, en una Europa que se estaba industrializando militarmente de manera súper acelerada, donde la necesidad de una infraestructura militar estaba creciendo sin pausa. El militarismo, la carrera armamentística eran fundamentales.

Ahí, en ese mundo, el invento de Nobel se vuelve indispensable y Nobel está en el centro de ese proceso. El tipo llegó a registrar más de 300 patentes, lo que le da una dimensión colosal a su actividad industrial, digo como empresario, y también su a su capacidad intelectual. Pero la visión empresarial es la que me interesa acá. No, el tipo no era un inventor, un loquito aislado, a ir a alguien que. Entendía cómo había que transformar el conocimiento en industria y, en definitiva, esa industria transformarla en riqueza.

Todas sus fábricas se van a empezar a extender por Europa. Su nombre va a empezar a asociarse no solamente a la ciencia, a la dinamita, la nitroglicerina, sino a un a un imperio económico de, digo, de dimensiones realmente colosales. Su nombre va a estar, va a ser sinónimo. De una fortuna que crecía al ritmo que crecía la expansión de su invento. Las obras que se empiezan a desarrollar en Europa gracias a la dinamita son incomparables con cualquier otro momento de la historia de la humanidad.

Entonces, ahí la ambivalencia, es decir, si es un producto bueno o malo, lejos de desaparecer cuando no empieza a ver la veta comercial detrás del invento, Esa ambivalencia se profundiza, cada túnel que se abre, cada vía férrea que se construye, cada proyecto de ingeniería que la dinamita facilita su construcción, convivía con esa certeza que tenía Nobel y todo el mundo de que esa misma tecnología, de que esa misma herramienta, podía ser utilizada también para destruir con mayor eficacia. Y entonces la riqueza de Nobel se empieza a cargar. De sentido, no es una fortuna cualquiera la que tiene este señor, es una fortuna que se ha construido sobre una herramienta que puede llegar a ser destructiva. Y eso, digo, abre ahí al menos 1 cuestionamiento, no sé qué sucede, pienso yo ahora, no sobre la marcha. ¿Qué sucede cuando el éxito que uno puede llegar a tener depende de algo?

el mundo está necesitando porque la dinamita se necesita en esos momentos, pero que al mismo tiempo puede hacer un daño muy profundo a ese mismo mundo que está ayudando a construir. ¿Cómo se hace vivir con 1.1 tensión? Así vamos a ver cuando nos metamos ahora a continuación al Alfred Nobel, hombre. Sí que es esa tensión, esa disyuntiva, esa ambivalencia, lo va a marcar de principio a fin. Porque más allá de ser un científico, de ser un inventor, de ser un empresario, Alfred Nobel fue un hombre, un hombre que fue mucho más que la dinamita, que fue mucho más que su fábrica, que fue incluso mucho más que su fortuna.

Sí, mucho más que ese título, ese obituario, ese diario francés que decía, este es el mercader de la muerte. Nobel fue un hombre profundamente solitario, un tipo que vivió. Ahí mudándose entre y trasladándose entre diferentes países europeos, que vivió en laboratorios, que vivió en fábricas, que vivió en hoteles, que vivió de viaje en viaje, que dejó muchísima correspondencia, que pasó buena parte de su vida moviéndose de un lugar a otro, un itinerante, no casi como si nunca terminara de pertenecer completamente a algún sitio en particular.

Va a ser sueco de nacimiento, dijimos que se formó en Rusia, que se instaló por momentos en París. Que va a tener negocios en diferentes partes de Europa, que hablaba varios idiomas, también dijimos que eso le va a permitir moverse con comodidad entre las diferentes culturas, pero esa movilidad también va a tener un costo, porque va a tener una vida, una vida, cómo se dice, una vida afectiva, sería bastante inestable, una vida efectiva marcada por vínculos intensos en algunos momentos, pero con pocas raíces, el tipo nunca se va a casar, Nunca va a tener hijos, digo, no es que sea un mandato, pero para la época me parece que era casi diría una regla y fundamentalmente para Nobel, un tipo que está pensando mucho en el legado en el más allá de su vida.

No es un dato menor. Sí, la continuidad familiar en el siglo 19 seguía siendo una forma muy fuerte de justamente de proyectarse hacia el hacia el futuro y Nobel, en cambio. No va a dejar una dinastía doméstica, va a dejar una fortuna inmensa, pero no una dinastía doméstica, como le decía, no deja herederos directos. Su continuidad iba a tener que construirse de otra manera y ahí empieza a verse un rasgo muy suyo, no muy nobel, porque nobel parecía vivir más cómodo, bastante más cómodo en el mundo de las ideas. En el mundo de las relaciones personales, un tipo que era exigente, un tipo que era reservado, un tipo que muchas veces era áspero, con una mirada bastante melancólica sobre la vida.

Las fuentes, sus cartas, sus escritos, sus poemas, dejan a ver, dejan ver, digo, a un hombre que es brillante en montones de sentido, pero también es un hombre inquieto, un hombre sensible, un hombre atravesado por una especie de tristeza que es casi persistente. No era un intelectual con dudas, con angustias, con una conciencia muy aguda de las contradicciones de su tiempo. Les decía al comienzo que leía literatura, que escribía poesía, que se interesaba por el pensamiento, por la lengua, por la condición humana. Y eso nos acerca un poquito más a la persona. Si no pensamos en Nobel, en un, en un inventor frío, ahí siempre calculando efectos, ganancias, laboratorios, experimentos y qué sé yo que no, acá también.

Hay un tipo que diseñaba explosivos, que vivía en esos laboratorios, que estaba haciendo fórmulas y cálculos, pero también se preguntaba sobre la muerte, se preguntaba en sus escritos sobre la soledad, sobre la fama, sobre la moral, sobre el sentido de lo que hacía. Y esa mezcla lo vuelve muy humano, no uno más de nosotros, parecía este muchacho, no un hombre rodeado de fábricas de patentes, pero interiormente. Un hombre silencioso, reflexivo, incluso muchas veces vulnerable, ¿no? Y dentro de esa vida afectiva bastante particular, aparece una relación muy importante que fue la de Berta Von Suttner. Esta fue una mujer austríaca, una mujer escritora intelectual, una de las grandes figuras de ese pacifismo europeo que durante un tiempo bastante breve. Llegó a trabajar como secretaria de Nobel, que no sé cuánto más se va a extender ese vínculo.

No hay muchísima evidencia. Si lo que quedó es una relación epistolar, un cambio, un intercambio de cartas que van a mantener tiempo después, que va a ser bastante profundo, digo, con mucha admiración de por medio, pero creo yo que no una historia. Romántica en el sentido convencional moderno, digamos, no va a haber una cercanía intelectual, una influencia muy real, una dama que venía del pacifismo, no en la época en donde el militarismo estaba fuerte, esta venía del pacifismo.

Bueno, no creo que haya pasado mucho más de eso. Es más, ella representaba algo que Nobel quizás estaba necesitado en escuchar, que era esa voz crítica. Frente al mundo de la guerra, no una conciencia moral en una Europa que avanzaba cada vez más rápido hacia la militarización y, en definitiva, hacia el desastre. El gran desastre será en 1914, será la gran guerra, la Primera Guerra Mundial. Entonces, ahí Berta significa para Nobel esta voz crítica frente a ese mundo catastrófico.

Nobel tenía una concepción bastante particular sobre la guerra. Nobel. Si bien lo podemos catalogar de pacifista, por más que sea el inventor de la dinamita, no es un pacifista simple o así medio medio sentimental, ¿no? El pensamiento de Nobel era más ambiguo en ese sentido. En algún momento él llega a creer que la existencia de armas, así cada vez más destructivas, podía llegar a hacer que los estados temieran la guerra. Entonces, si hay armas cada vez más destructivas, un estado va a decir che.

Me parece que no conviene la guerra. Evitemos la guerra y es una idea que se va a replicar mucho. Yo siempre cito cuando hablo de Segunda Guerra Mundial, de Guerra Fría, cuando hablamos en los cursos o en las charlas sobre lo que va a ser el mundo post Hiroshima y Nagasaki. Hay un filósofo español que va a ser Antonio Escotado que el tipo dice el temor a que Hiroshima y Nagasaki se repita. Es lo que llevó a que durante 45 años soviéticos y estadounidenses quisieran apretar el botón rojo y nadie se animara. Eso va en el sentido de lo que Nobel pensaba. Las armas de destrucción cada vez son más eficientes, cada vez son más destructivas, valga la redundancia, y eso va a hacer a que los estados teman la guerra, eviten la guerra. Una idea incómoda, una idea moderna, porque hoy estamos hablando de la paz.

Como resultado del miedo a la destrucción, no Chernobel pensaba que quizás una fuerza suficientemente terrible podía volver, podía volver la guerra demasiado costosa para ser deseable. Bueno, Bertha pensaba desde otro lugar el pacifismo. El pacifismo de ella era bastante más explícito, más de militancia, digamos, no más moral. Y ese contraste probablemente lo toca. A Nobel no lo va a transformar claramente de un día para otro. No va a ser el santo de la paz porque la historia nunca funciona así, pero sí parece haber alimentado una preocupación cada vez más profunda por lo que se iba a hacer cuando él no estuviera, por el uso de sus inventos, por el uso de su fortuna, cuando él no estuviera, por la manera en la que su nombre pudiera llegar a ser relacionado o asociado a la humanidad.

Y ahí. Vuelve la gran contradicción de Nobel, un hombre que hace fortuna con explosivos, pero que al mismo tiempo se interesa con la paz, o sea, el inventor de instrumentos capaces de destruir, pero al mismo tiempo este pacifista, este lector de poesía, este muchacho íntimamente solo, habitado por preguntas que no siempre tienen respuestas. No, qué loco pensar en alguien. Crea herramientas como las que creó Nobel, que sirvieron para construir ninguna ruta, ningún túnel, ningún ferrocarril.

Pasaría, por ejemplo, no, por ejemplo, estoy nombrando un ejemplo por regiones montañosas, si no fuera por el poder de la nitroglicerina controlada, de la dinamita que Nobel desarrolla. Y sin embargo, al mismo tiempo, ese hombre. Creador de herramientas de destrucción, es un hombre profundamente sensible. Y eso, a mi criterio, siempre preocupado desde historia en podcast, en llegar al costado humano de las grandes personalidades. Lo hemos hecho con casi todo, diría con todos, no de San Martín Bolívar, Lincoln, Tesla, no lo sé, todos los que hemos analizado. Nobel no va a ser la excepción, va a ser. Inventor, va a ser poeta, va a ser empresario, va a ser un hombre solitario, va a ser un hombre pragmático, va a ser un hombre melancólico, creador de la dinamita que puede destruir y al mismo tiempo pacifista, preocupado en lo que se puede llegar a utilizar su propio invento. Y quizás por eso sigue importando la figura de Nobel y muchos de ustedes han pedido este tema y yo he decidido traerlo a Historia en Podcast, no porque nos obliga a pensar que el problema. del legado, que es lo que está pensando Nobel en este momento, no empieza

específicamente cuando alguien muera. ¿Qué vendrá después de la muerte? No, no, empieza antes, empieza cuando esa persona descubre, nota que sus actos pueden llegar a significar algo muy distinto a lo que él mismo imaginaba sobre él mismo. Entonces ahí llega Ese momento del cual hablamos al comienzo, no ese momento que parece nada sacado de una novela. Quizá no, y no ocurre ni ni en un laboratorio, ni en una fábrica, ni rodeado de explosiones, ni en un escritorio de una empresa. Ocurre en la simple lectura de un diario. Nobel encuentra ahí su obituario. En realidad, esto parte de una confusión en el año 1888. Muere su hermano Ludwig Nobel, muere en Cannes, en Francia, y en medio de esa muerte, un diario francés comete este error porque confunde a Ludwig con Alfred y publica el obituario de Alfred Nobel, mientras Alfred está nada leyendo el diario con esa noticia, ¿no?

Y ahí aparece el golpe, porque lo que ese diario escribe no es precisamente. Un homenaje está lejos de ser un reconocimiento al creador de la dinamita. Es una sentencia. Lo describe en esencia como el mercader de la muerte, un hombre que había construido su fortuna encontrando maneras de matar más rápidas y más eficientes, más eficaces. El diario no menciona todas las inquietudes intelectuales, morales, no menciona la sensibilidad de Nobel, no menciona sus dudas, no menciona ni sus lecturas, ni sus contradicciones, nada de nada.

Lo reduce a una sola cosa, un mercader de la muerte, y eso para Nobel es devastador. Lo que hace que este momento sea tan poderoso para la historia de Nobel, no es solamente el error que comete el diario francés, sino la revelación que le llega a Nobel. Por primera vez, Alfred Nobel no se ve a sí mismo como él se pensaba, sino como el mundo empezaba a verlo. Y esa distancia entre la identidad y la percepción va a ser brutal. Acá estamos frente a un espejo, un espejo que le devuelve a Nobel una versión de sí mismo que él no podía controlar.

Y acá es donde Este episodio particularmente va a dejar de ser biográfico para volverse profundamente humano, porque todos, todos, absolutamente todos, en algún punto, vivimos construyendo una idea sobre quiénes somos nosotros mismos, pero rara vez, muy rara vez, tenemos la oportunidad o la condena, como fue el caso de Nobel, de ver cómo seremos recordados incluso antes De morir. Nobel sila tuvo esa oportunidad y fue un impacto, un impacto que fue un quiebre, una ruptura absoluta.

Fue el momento en el que la pregunta por el legado que les decía recién dejó de ser abstracta y se vuelve prácticamente urgente porque ya no se trataba de lo que él creía haber hecho, sino de lo que el mundo estaba dispuesto a recordar sobre Nobel. Ese obituario. Va a ser el golpe y la respuesta a ese golpe va a llegar por parte del propio Nobel con su testamento, porque unos años después de ese episodio, Nobel toma una decisión que no solamente va a sorprender a su entorno, digo, sino que va a sorprender y va a cambiar para siempre la manera en la que el nombre de Nobel va a circular por la historia de la humanidad.

Año 1895, en París el tipo se sienta, redacta su último testamento y ahí establece. Algo que es completamente inesperado para todos porque decide que la mayoría de su fortuna, el 94% de su fortuna, construida a partir de sus de sus inventos, digo de su imperio industrial, no iba a ir a su familia, no iba a ir a una institución tradicional, no iba a ir a un proyecto empresarial, sino que iba a ir a un fondo destinado a premiar año tras año a quienes hayan hecho el mayor.

Beneficio a la humanidad, señoras y señores, aplaudamos a no haber una idea tremendamente simple en la formulación, tal como acabo de decir, pero con unas consecuencias que van a ser enormes. Convertía una fortuna privada en un mecanismo, casi diría permanente, perpetuo, para el reconocimiento al conocimiento, no al digo, el conocimiento a la ciencia, a la literatura. La paz, o sea, el tipo termina fundando toda una lógica, una manera de agarrar el dedo y de señalar, pero no de señalar culposamente, sino de señalar, legitimando, de consagrar aquello que una sociedad considera como valioso, como un gran aporte a la humanidad.

Y eso, en términos históricos, no había pasado nunca. Es muchísimo. ¿Qué hace Nobel? Define categorías. Que dicen mucho sobre su propia visión del mundo: física, química, medicina o fisiología, como se le llamaba, literatura como profundamente lector que era, y paz, o sea, premio Nobel de física, de química, de medicina, de literatura y de paz. Campos donde él creía que el progreso humano podía expresarse de manera mucho más clara, más concreta, más hasta incluso transformadora. Más tarde, a esas 5 categorías iniciales se le iba a sumar economía, pero eso ya es parte de otra, de otra historia. Digo, no, acá lo central es ese núcleo original, no la ciencia, la palabra, la vida y la posibilidad de evitar la guerra. El tipo diseña un sistema, no está donando su dinero de manera abstracta.

El tipo define instituciones específicas que van a ser las responsables de otorgar esos premios. De establecer criterios, va a dejar instrucciones. O sea, es un acto profundamente coherente con su personalidad, incluso en la decisión de desprenderse de su fortuna. Nobel tiene un método, tiene precisión, tiene control. Nobel parece entender que no puede cambiar lo que ya hizo. Su nombre después de leer ese obituario era el mercader de la muerte. un tipo que queda asociado a la destrucción por su invento, que era la dinamita. Ahora el tipo dice, yo no voy a cambiar lo que dice, no puedo borrar ni la dinamita ni sus usos, pero puedo reescribir esa historia, puedo reescribir cómo puedo construir cómo voy a ser recordado, si voy a intervenir en cómo ese pasado que no puedo borrar va a ser interpretado en el futuro. No me va a decir, puedo asociar mi nombre, No solamente a la destrucción potencial de mis inventos, que en definitiva no será culpa de él, sino de quienes manipulen su invento, como decíamos recién, y al mismo tiempo colabora a la construcción simbólica del conocimiento, de la cultura, de la paz.

Todo eso va a ser el resultado de una decisión enorme en la historia de la humanidad, una de una de las decisiones más extraordinarias de la historia moderna, porque no ve. Si bien deja una herencia, va a intentar al mismo tiempo y de manera deliberada cambiar el significado de su propio nombre con esa herencia, justo después de leer su obituario, que había sido al mismo tiempo un obituario erróneo. Y un año después de firmar ese testamento, año 1896, Alfred Nobel muere en San Remo. En Italia, lejos de su Suecia natal, como había vivido buena parte de su vida entre desplazamientos, entre proyectos, laboratorios, ideas que nunca terminaban de fijarse en un solo sitio, en un solo lugar. Pero esa muerte no cierra la historia, sino que de algún modo la abre, porque cuando se conoce el contenido de su testamento, la reacción no va a ser inmediatamente admiración, como yo lo estoy contando, yo lo estoy contando desde la admiración.

Bueno, cuando se conoce el testamento, eso es. Un desconcierto absoluto, eso es resistencia, incluso dentro de la propia familia, en sus sobrinos, en quienes quedaban, genera tensiones, genera disputas legales, genera cuestionamientos. De hecho, durante algunos años la implementación de los premios estuvo en duda, pero finalmente todo eso se pone en marcha y con el tiempo va a ocurrir. Va a ocurrir, digo, algo extraordinario, al menos para mí, que soy amante de la historia de Nobel post Nobel, que es. Como su nombre queda, queda prendido a la historia de la modernidad, a la historia de los adelantos, a la historia de la ciencia, como el nombre de Nobel empezó a cambiar de sentido, porque hasta esos momentos la opinión pública decía, este es el mercader de la muerte y eso cambia de sentido después de la muerte del propio Nobel.

No Hoy, por ejemplo, nosotros mismos, cuando hablamos del Premio Nobel, pensamos en excelencia, en conocimiento. en descubrimientos que amplían lo que entendemos del mundo, salvo el de la paz, que siempre es cuestionable, siempre se pisa un poquito la banquina, al menos a mi criterio, que soy un simple historiador cordobés, digo. Pero pensamos en esa excelencia cuando escuchamos hablar del premio Nobel, pensamos en cierta forma de consagración a nivel global, en un reconocimiento que trasciende fronteras, que trasciende ideologías, que trasciende lenguas, salvo el de la paz, insisto, y en ese proceso La dinamita, la dinamita queda, si es que queda en el mejor de los casos, en un súper segundo plano.

Cuando hablamos de Premio Nobel no pensamos ni siquiera en la dinamita. Es más, muchos ni siquiera saben que detrás del Premio Nobel existe una historia vinculada a la preocupación de Nobel por cómo iba a ser recordado justamente por haber creado la dinamita. Entonces ya su nombre no remite inmediatamente a la explosión. O a la capacidad destructiva de su invento, sino al valor del aporte humano, al reconocimiento. Y eso no ocurrió por azar. Eso ocurrió porque alguien, en un momento muy preciso de su vida, decidió intervenir en su legado. Es tremendo esto, no me pone la piel de gallina a mí pensar lo que se tiene que haber cruzado por esa cabeza. Por eso cuando.

Miramos la historia y cuando repasamos la historia de Alfred Nobel, vemos primero la vida de un inventor. Vemos el recorrido de un hombre que entendió que su obra podía ser interpretada de muchas maneras, que intentó orientar esa interpretación. Vemos la historia de un niño que crece entre ideas brillantes, entre artefactos peligrosos, entre ideas que fracasan al mismo tiempo. Un joven formado en ciencia, pero también en literatura, un hombre que se obsesiona con dominar una energía inestable, un inventor que logra cambiar la forma en la que el mundo se construye y, al mismo tiempo, una figura solitaria, introspectiva, atravesada por preguntas que no siempre van a tener respuestas. No todo eso fue Alfred Nobel, y quizás algo más, porque en algún momento de su vida, cuando la imagen que el mundo tenía de él empezó a volverse incómoda, decidió hacer algo que muy Pocas personas hacen con tanta claridad que es intervenir en su propio legado, no negar lo que había hecho, no borrar su pasado, pero sí intentar que su nombre no quedara reducido a una sola dimensión.

Y ahí está la clave, porque la historia de Nobel no es la historia de la dinamita de los explosivos de la nitroglicerina, es la historia de una conciencia, de alguien que entendió que sus actos tenían consecuencias y que esas consecuencias. También se jugaban en el terreno de la memoria. Y entonces yo he decidido cerrar este episodio haciéndonos, haciéndonos no, haciéndoles una pregunta que ya no es sobre esta persona, que ya no es sobre Nobel, sino que es sobre nosotros.

¿Qué somos? ¿Somos lo que hacemos? ¿Somos lo que dejamos o somos lo que construimos para que nos recuerden? Porque Alfred Nobel cambió el mundo con sus inventos. No hay lugar a duda, pero en un gesto profundamente humano también intentó cambiar como el mundo lo iba a recordar. Bueno, queridos amigos, oyentes y seguidores, un episodio que en esta parte final debo decir y reconocer, por si no se ha notado, se me hizo bastante emotivo con una. Carga ahí, digo, poniéndome en los pies y en los zapatos de este muchacho.

Bueno, tremendamente fuerte. Espero, como siempre digo, haber estado a la altura. Espero que les haya gustado. Espero que hayan aprendido algo nuevo, que se vayan con muchas preguntas en su cabeza, que busquen profundizar. Eso sería para mí enorme porque se han escrito y se han hecho cosas y se han contado historias bellísimas de Nobel. Esto simplemente es una ventanita para acceder a todo el conocimiento histórico bueno y de calidad que hay dando vuelta.

Por el mundo los dejo con la invitación a nuestras redes sociales, vayan sígannos en historia en podcast y también para que consigan nuestro libro Chamuyos que hicieron historia, que lo estuvimos presentando en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires y que vamos a estar girando por todo el país presentándolo con nuestro unipersonal Chamuyos que hicieron historia también por Mendoza, por San Juan, por Rosario, por bueno, por Salta, por Mar del Plata, que se van a publicar esas fechas por La Plata.

Los espero siempre la historia será. Una ocasión y una excusa hermosa para poder encontrarnos y poder seguir hablando de lo que la humanidad nos ha dejado. Queridos amigos, será hasta un próximo episodio cuando la historia nos vuelva a reunir. Chau, muchas gracias.

Transcript supplied by the publisher with the episode.

Historia en Podcast

by Lucas Botta · Spanish · History

Podcast destinado a la divulgación de los principales hechos, procesos y personalidades de la Historia de la Humanidad, aptos para todo público. Dictados por el Profesor y Licenciado en Historia, Lucas Botta. Desde Córdoba, Argentina, para todo el mundo.

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